miércoles 8 de julio de 2009

Om




Sin armaduras miro hacia adentro

¿quién está ahí?

¿en qué asiento, si es que estás?


¿en qué hueso se ha tallado tu nombre?


De un salto te salvo,

me salvo a mí.

Y explota el mundo.


Si no muere renace.


Sonidos expanden un reino.

Pero ¿qué vena rompo?

¿en qué hueso viene tallado tu nombre?



domingo 5 de julio de 2009

July 05


Llueve

las gotas se deslizan como pueden sobre el parabrisas.

Ser agua

Tampoco es fácil.

*

Si pudiera vivir hacia atrás, escribí en June 28

el día July 05.

Y nada pasó

Continuó lloviendo.

*

frente a la ventana miré hacia la montaña.

donde estaba el escritorio recordé -me visité-.

Antes de irme, de ese espacio pequeño y flexible en el que ya no vivo

recogí un aire,

un alma olvidada.


sábado 20 de junio de 2009

Sobre los aviones y los trenes


Nunca me han molestado las horas de espera en un asiento incómodo de cualquier sala de embarque, ni los sánduches fríos, ni los hombros adoloridos por el peso del equipaje. Me gustan los aeropuertos con todo y sus trasnochos y sus nostalgias y su lenguaje del final. Siempre he pensado que podrían inventariarse las despedidas, de curva a curva en el planeta, con sólo echar un vistazo a la vida en un aeropuerto y ordenar los rostros por sus expresiones.

Esta mujer con esas ojeras. Aquél mirando hacia la esquina como si algo se le hubiese perdido allí. La expresión de esa chica trasnochada que se enfoca en el suelo como para no caerse por un precipicio, la de aquel anciano absorto en el cielo intentando descifrar hacia dónde se dirige cada avión: este debe ir a Roma, este otro a Sao Paulo.

Los rostros de los pasajeros en los aeropuertos son bienes coleccionables, y para poseerlos sólo hace falta prestar atención. Compilo aeropuertos con sus rostros y sus despedidas. Y también con sus cafeterías y la cualidad de su luz. Cualquier persona que haya viajado en avión sabe de qué hablo.

Y para los efectos también lo sabe quien haya viajado en tren. En las estaciones de tren la cosa es más compleja, están condenadas y condenan al romanticismo, tal vez es la lentitud, los trenes van pegados a la tierra y eso los hace más pesados y también hace más pesada la historia del que los transita o se deja transitar por ellos. Tal vez tardan más en irse una vez que encienden sus motores con su sonido cíclico, y eso influye en la historia de cada uno de sus pasajeros. De las estaciones de tren me gusta lo mismo que me fascina en los aeropuertos, y dos cosas más: ese roce de las ruedas en el andén. Esa lentitud rítmica, y que no existen vidrios que separen los vagones de los pasajeros o sus familiares.

Un paso más allá, un escalón más arriba, y ya el hombre o la mujer con el equipaje en mano ha pasado a otro tiempo. Ya se ha ido. Un paso atrás, y el hombre o la mujer ha decidido quedarse. Sin intermediarios, sin pasaportes y sin las odiosas máquinas rayos equis. En los aeropuertos sí, hay vidrios y silencio para ocultar el ruido exterior. Y eso hace la diferencia.

Pero esa noche yo no estaba en una estación de tren. Sobre los trenes ya tendría tiempo de pensar y escribir. Cuando este viaje comenzó yo sabía que me subiría a alguno, aunque no podía prever el ánimo con el que lo haría, ni si sola o acompañada, y mucho menos el destino al que me dirigiría.



La foto forma parte de la serie Ontológico, de Antolín Sánchez Lancho.

El final




No pensaba siquiera en el final del viaje, en el regreso y la despedida. O quizás en eso sí, pero era un pensamiento que parecía bien un olor, un rastro a la inversa, que me seguía a mí en vez de yo irle atrás.

martes 16 de junio de 2009

Encuentro de blogueros en la Librería El Buscón


Este martes a las siete de la noche nos reuniremos para conversar sobre el fenómeno de los blogs literarios y leer alguno que otro fragmento publicado en nuestras respectivas páginas. El encuentro es en la deliciosa librería El Buscón, en el nivel Paseo del Paseo Las Mercedes.
Seguro estará sabrosa la noche. Habrá narradores, poetas y cronistas. Vinito blanco y conversa.